Yvan Dheur – Humanists International
Vivimos una época de profundas paradojas. En todo el planeta se está produciendo una revolución silenciosa en la intimidad de las conciencias. Ya sea que nos definamos como laicos, librepensadores, ateos, humanistas o secularistas, hoy en día representamos la comunidad filosófica y no confesional de más rápido crecimiento en el mundo. Nunca en la historia de la humanidad tantos individuos han elegido basar su ética en la razón, la empatía y la ciencia en lugar de en dogmas revelados.
Sin embargo, esta fuerza numérica aún no se traduce en una influencia política equivalente. Aunque somos más numerosos que nunca, nuestra libertad está, en muchos aspectos, más amenazada que en las últimas décadas.
Una constatación alarmante: el persistente dominio del dogma religioso ultraconservador
. La brecha entre la evolución de las mentalidades y la realidad jurídica es sorprendente. A pesar de nuestro crecimiento demográfico, más de la mitad de los países del mundo siguen teniendo una religión oficial o mantienen un sistema jurídico parcial o totalmente inspirado en el derecho religioso. Fuente: https://fot.humanists.international/
Esta situación no es solo una cuestión de simbolismo institucional. Tiene consecuencias concretas y, a menudo, trágicas:
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La persecución de las voces disidentes: En demasiados países, la apostasía o la blasfemia siguen siendo punibles con la cárcel, o incluso con la pena de muerte para los no creyentes.
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El retroceso de los derechos fundamentales: Bajo la influencia de los grupos de presión religiosos, asistimos a un brutal cuestionamiento del derecho al aborto, los derechos LGBTQ+ y la autonomía corporal.
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La erosión de la educación: El pensamiento crítico se sacrifica con demasiada frecuencia en aras del adoctrinamiento, lo que frena el progreso científico y social.
La urgencia de la convergencia: unirnos para evolucionar
Frente a instituciones religiosas milenarias, extremadamente bien organizadas, financiadas y políticamente influyentes, la dispersión es nuestro mayor punto débil. Nuestras matices semánticos —la sutil diferencia entre un ateo militante y un humanista secular— son sin duda apasionantes desde el punto de vista intelectual, pero no deben convertirse en barreras para nuestra acción colectiva.
¿Por qué debemos unirnos ahora?
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Para influir en la escena internacional: Solo una estructura mundial unificada puede dialogar de igual a igual con grandes organismos como la ONU o las instituciones europeas para defender la neutralidad del Estado.
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Para proteger a los más vulnerables: una red global permite proporcionar apoyo logístico y jurídico a los humanistas perseguidos en regímenes teocráticos.
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Para compartir nuestros recursos: la colaboración nos permite intercambiar estrategias de defensa, material educativo y herramientas de comunicación para contrarrestar la desinformación dogmática.
El fortalecimiento de nuestra comunidad no es un repliegue identitario, sino todo lo contrario, es una apertura: es la creación de un baluarte para que cada ser humano, creyente o no, pueda vivir en una sociedad que garantice su libertad de conciencia.
Humanists International: nuestro hogar común
Ya existe un catalizador para esta unión: Humanists International. Esta organización es la voz mundial del movimiento humanista, laico, secularista o librepensador. Trabaja sin descanso para documentar la discriminación y llevar nuestros valores al más alto nivel diplomático.
Sin embargo, una organización solo es poderosa gracias al compromiso de sus miembros. Cada adhesión es una señal enviada a los líderes mundiales: ya no somos una minoría invisible, sino un movimiento estructurado y decidido.
La gran cita: Ottawa 2026
El tiempo de la reflexión debe dar paso ahora al tiempo de la movilización. Necesitamos vuestra presencia, vuestra inteligencia y vuestra energía para dar un nuevo paso adelante.
En agosto de 2026, la ciudad de Ottawa acogerá el Congreso Mundial del Humanismo. Este encuentro será mucho más que una serie de conferencias. Será:
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Un cruce de caminos mundial donde se reunirán delegados de más de 100 países.
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Un laboratorio de ideas para definir estrategias de defensa de la laicidad frente a los retos del siglo XXI (IA, clima, auge de los populismos religiosos).
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Un acto de solidaridad y resistencia hacia todos aquellos que, en otros lugares, arriesgan su vida por el simple derecho a decir «yo no creo».
https://www.worldhumanistcongress.org/
El llamamiento está hecho: No se queden como espectadores de la historia. Para que la razón y la libertad de conciencia se conviertan en la norma y no en la excepción, debemos actuar de forma concertada.
Hágase miembro de Humanists International hoy mismo y marque en su calendario Ottawa 2026. Juntos construiremos un futuro en el que el derecho ya no lo dicte el cielo, sino el bien común y la dignidad humana.